Tag Archives: Bob Dylan

THE WAR ON DRUGS – LOST IN THE DREAM

31 Mar

Después de tanto tiempo sin dar señales de vida por estos lares se hace difícil volver y cuando uno toma la decisión de hacerlo surgen preguntas y preguntas ¿vuelvo a hacer reseñas de discos? ¿A alguien le interesaba leer reseñas tan “largas” o será mejor hacer varias cortas que además son mucho más fáciles de escribir?, ¿Qué disco podría merecer volver a este mundillo?, ¿Y si hablo de algún libro?, ¿O  mejor de un restaurante? Y finalmente cuando uno encuentra respuestas a estas y otras preguntas y se decide por volver con una reseña de un disco, uno que realmente le motive lo suficiente para vencer la pereza, se da cuenta que se trata de un disco que lleva escuchando meses y que de tantas preguntas y de tanto darle vueltas a volver o no, ya no está de actualidad musical. Pero al final dices, oye que más, este blog va de lo que a uno le gusta no de la actualidad total, de recomendar discos o libros que no son de usar y tirar una vez pase su momento.

Así que, aclarado todo esto que mejor decisión que volver con el disco que para muchos ha sido uno de los mejores de 2014 y que para mí no solo lo ha sido sino que es uno de los mejores que he escuchado en los últimos años, estoy hablando de Lost in the Dream, tercer disco de The War on Drugs, uno de esos grupos que sin haber tenido gran repercusión hasta la fecha lleva una no corta carrera a sus espaldas que les ha llevado hasta aquí, hasta el disco redondo y perdurable que han hecho.

Provenientes de Filadelfia y liderados por Adam Granduciel, cantante guitarrista y compositor, nos introducen a lo largo de 60 minutos divididos en 10 canciones en una atmosfera melancólica, muy delicada y con la extraña belleza que a veces aparece inexplicablemente en ciertos elementos artísticos. Evidentemente todo esto no se puede apreciar en una primera escucha, sino que está escondido bajo la primera capa de las melodías y lo vas descubriendo conforme lo disfrutas en calma escuchando una y otra vez canciones como Under the pressure, canción con la que iniciamos el viaje entre la niebla que se dispersa lentamente. Desde los primeros acordes de esta grandísima canción Granduciel y su banda parecen decirnos “oye, este es un viaje lento, a mi ritmo, ten paciencia y disfrútalo” y es que se trata de una canción de casi nueve minutos, con grandes solos de guitarra, saxofones y teclados donde ya se intuye la meticulosidad con la que se han tomado la grabación de este álbum.

Una vez apartada la niebla en la que nos introduce su primer tema parecemos adentrarnos en la llanura americana con Red Eyes, embriagadora y absorbente desde el principio con su melodía, pero sobre todo desde que decide acelerar cerca de los dos minutos de canción con un leve aullido  dando paso a los riffs de guitarra que convierten esta canción en una de las canciones de 2014 para muchos medios especializados y no tan especializados. Pese a ser un temazo en toda regla perfecto para escuchar mientras conduces, el caso es que el disco es tan rotundo, tan elaborado, que no es fácil destacar canciones dentro de él sino que más bien todas forman parte de un todo lleno de influencias al rock ochentero y a los grandes nombres de por entonces, como son Dylan, Dire Straits en su An ocean in between the waves o Springsteen por decir los nombres más fácilmente detectables en los sonidos del álbum.

Pese a lo comentado y por buscarle un pero sí que hay canciones más flojas, como por ejemplo Disappearing o Suffering temas mucho más pausados y oscuros que sin ser para nada malos ni sobrar, sí que rebajan la euforia del conjunto casi perfecto. Pero qué más da si después de esto aparecen temas como Eyes to the wind, melancólica y profunda canción 100% Dylan que no esconde ni en el título sus influencias o Burning, la más Springsteen dentro de un disco que respira al Boss ya de por sí con una melodía  inicial muy parecida a su Dancing in the Dark y que se convierte en todo un caramelo para todo fan de Bruce que se precie.

En definitiva, un disco casi perfecto para disfrutar en modo bucle, apreciando cada vez diferentes matices y que nos acerca al rock de las viejas glorias, en el mejor sentido del calificativo. Sí que es verdad que queda un poco la sensación de la excesiva referencia al rock ochentero, pudiendo ser calificado como poco original, ¡pero bendita poca originalidad si se hace de esta manera!